Ruta del agua

Los manantiales, baños termales y fuentes son parte indisoluble de estas localidades escalonadas en cerros, que mantienen aún las típicas casas cueva. También son su principal atractivo. Alcóntar se encuentra en el nacimiento del río Almanzora, un paisaje digno de admirar en el que destaca el contraste de la aridez de los cerros, sierras y secano con las zonas de huerta próximas. Un inmenso castillo anuncia que el visitante ha llegado a Serón, pueblo famoso por sus embutidos y jamones, así como por los numerosos restos de la época prehistórica.0.D84.gif

Fuencaliente es uno de los más bellos parajes naturales que posee la localidad. Bacares se encuentra al pie del Observatorio Astronómico de Calar Alto, siendo el más serrano de la provincia. La cumbre del monumento natural de La Tetica se eleva a 2.080 metros de altitud. Bayarque y Tíjola comparten el paisaje de sierra con barrancos y pinares y su pasado minero, aunque la última, llamada “La Perla del Almanzora”, está más desarrollada. Sus fuentes, como la del Huevo, y su gastronomía son su mayor atractivo.

La Fuente Termal de Cela, en Lúcar, de origen romano, se ha acondicionado en una balsa, en la que los turistas pueden sumergirse en sus aguas, a 26 grados todo el año. Situada en la ladera norte de la Sierra de los Filabres se encuentra una atractiva población de pequeñas casitas apiladas y escalonadas, coronada por un castillo, que fue una alcazaba musulmana.

Se trata de Serón, localidad famosa por la calidad de sus jamones y embutidos, cuya producción es una gran fuente de riqueza. El rico patrimonio que posee da una idea de la variedad de pueblos y civilizaciones que se han asentado en él. Sus cuevas fueron habitadas desde el Paleolítico, asignándose al periodo Neolítico la Necrópolis megalítica del Marchal, la Cueva de la Sarna, la Cueva del Palo y la Cueva de la Morciguilla. Los romanos la llamaron Serius y, posteriormente, formó parte del último reino godo del conde Teodomiro, pasando a manos musulmanas en el s. VIII. El actual pueblo parece ser más reciente, probablemente del s. XIV, y debió ser una importante fortaleza en torno a la cual se aglutinó la población.

Será en 1489 cuando Serón, junto con el Valle del Almanzora, capitulará a los Reyes Católicos integrándose a la corona de Castilla. En 1568, los moriscos de La Alpujarra se sublevaron contra el poder de Felipe II, reconociendo como rey a Aben Humeya, el cual, un año más tarde, cerca el castillo de Serón que tuvo que rendirse, pasando a cuchillo a todos sus habitantes menos a los niños menores de 12 años y a las mujeres que fueron llevados a La Alpujarra. Serón se convertiría en uno de los puntos claves de la estructura defensiva de los sublevados hasta que el Infante Don Juan de Austria, en una campaña contra los moriscos, recuperara la villa en 1570. Restablecida la paz, sus posesiones fueron repartidas entre los nuevos repobladores castellanos procedentes de las regiones de Murcia y Albacete, dotando, entonces, a la población de una iglesia digna, la de Nuestra Señora de la Anunciación. Pero uno de sus mayores esplendores le vendría a Serón de la mano de la explotación minera del hierro. De esta actividad quedan aún hoy vestigios, como son Las Menas, un antiguo poblado minero con construcciones típicas inglesas, holandesas y belgas. Existe un camping en lo que antaño fue el Hospital y un Apartahotel en las instalaciones de la Oficina o “Casa Menas”, situándose los alojamientos en los pabellones de los obreros, respetando al máximo la estructura original. Los aficionados a la buena cocina tienen en este municipio una buena ocasión para degustar las chacinas típicas y los platos elaborados con los derivados del cerdo, animal casi de culto en Serón por sus magníficos jamones. Estos productos pueden degustarse en la Fiesta del Jamón, en julio, o en la Muestra Culinaria que cada año se celebra en agosto.

Festividades como la Semana Santa se celebran en la localidad de forma peculiar. Así, lo más destacable de esta tradicional fecha es la carrera de las cofradías en la Plaza de Arriba, con los pasos a hombros, una hazaña teniendo en cuenta las empinadas cuestas de la localidad. Se celebran también, en agosto, las Fiestas Patronales en honor a la Virgen de los Remedios. Especial relevancia tiene, como monumento, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Anunciación, del s. XVII. Es un extraordinario edificio donde confluyen la tradición mudéjar y la manierista. Lo más destacado es su armadura mudéjar, las portadas encuadradas dentro del sobrio clasicismo del primer Barroco, ambas de cantería enmarcadas en columnas toscanas, y la capilla bautismal. La ermita de Nuestra Señora de los Remedios, de estilo neoclásico, presenta un interior en el que destaca su simplicidad y belleza. En la capilla mayor se encuentra la imagen de la patrona, que se cubre con una cúpula bellamente decorada. En la calle Juan de Austria se ubica un molino de agua del s. XIX, que es el único que se encuentra en funcionamiento y que es una muestra de la importancia del agua en la comarca.

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