Ruta histórica

Un rico patrimonio arqueológico y cultural; este es el punto en común que poseen las cuatro localidades que componen la comarca. Unas poblaciones que, sin embargo, poseen sus peculiaridades que las diferencian entre sí. Las monumentales Vélez Blanco y Vélez Rubio, con su impresionante castillo, la primera, y con sus no menos vistosas casas señoriales, la segunda, contrastan con las más pequeñas poblaciones, de mayor encanto natural, de María y Chirivel, que también pueden presumir de sus edificios religiosos y torreones islámicos. Y todo ello, con el incomparable marco de la Sierra de María, sus altas cumbres, sus llanuras y mesetas y sus ricas vegas llenas de vegetación. De visita obligada son los abrigos rocosos donde se encuentran pinturas rupestres, dispersas por las poblaciones. Su valor artístico y su antigüedad, de unos 18.000 años, han hecho que sean declarados Patrimonio de la Humanidad. Los bellos parajes naturales enclavados en la zona del Parque Natural Sierra María- Los Vélez, sus fértiles tierras, mecidas por los vientos húmedos y cálidos del Mediterráneo, así como su vegetación frondosa, sin duda, encandilaron a los primeros pobladores de la comarca. Iberos, romanos y musulmanes también escogerían esta peculiar zona para asentar sus núcleos de población. Este lugar privilegiado conserva hoy una de las mayores riquezas arqueológicas de la Península. En la Cueva de los Letreros, en el Cerro del Maimón, se pueden contemplar una serie de pinturas rupestres de gran valor. No en vano ha sido nombrada Monumento Nacional (1924) y Patrimonio de la Humanidad (1998). En este abrigo rocoso, situado en la carretera que comunica los dos Vélez, se descubrieron dibujos prehistóricos que asemejaban figuras animales y humanas, tanto masculinas como femeninas. Una de ellas, el Indalo, se convertiría en símbolo de la provincia. Por Chirivel discurría la calzada romana Vía Augusta que unía Cartagena con Cádiz, lo que hace ver la importancia que el pueblo romano tuvo para el desarrollo de esta localidad que, por su paisaje, se asemeja más a Granada que al resto de la provincia.

Los huertos, bancales, cañadas, las extensas llanuras y mesetas, muestra de la fertilidad de una ribera que ha atraído a multitud de civilizaciones, son el marco incomparable donde se asienta este conjunto recoleto y tranquilo de blancas casas. Se mantienen las típicas casas de tres plantas, siendo la última más baja, ya que era el antiguo lugar de almacén del grano y de cura de productos de la matanza del cerdo. Sus muros gruesos de piedra acogen tradiciones de origen muy antiguo como son su repostería de raíces musulmanas, la artesanía de la miel y el esparto, que se encuentran ejemplificadas en el museo monográfico de la pedanía de Contador. El yacimiento arqueológico de El Villar es muy importante, habiéndose encontrado en él piezas de origen romano tan valiosas como columnas y capiteles, un mosaico geométrico o habitaciones domésticas. Destacan también la Loma de las Cometas, los yacimientos del Pasillo de Chirivel, la iglesia parroquial de San Isidro o un antiguo horno árabe en uso. A más de mil metros de altura, al amparo de Monte Maimón, y en la falda de una colina coronada por su impresionante castillo, se alza majestuoso y monumental Vélez Blanco, localidad almeriense que ha visto pasar por sus tierras a pueblos como los iberos, romanos, visigodos o musulmanes.

 

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