Alpujarra

Al amparo de Sierra Nevada, con sus pequeños pueblos blancos moteando el paisaje, se extiende la Alpujarra Almeriense, la tierra que los moriscos abandonaron sólo bajo la imposición de las armas. El río Andarax, arteria principal de la comarca, forma un fértil valle donde crecen huertas y parrales, contrastando con las faldas agrestes de la Sierra de Gádor.

Una variedad cromática que se acentúa cuando florecen los almendros y cerezos, tiñendo el paisaje de bellos colores. Sus pueblos se tienden en las laderas mirando al sur, como si percibieran la presencia del Mediterráneo en el horizonte. También los campos de cultivo trepan por las faldas de la montaña, formando bancales que hoy, como en los tiempos de Al-Andalus, son regados por las acequias que conducen el agua de las frías cumbres de Sierra Nevada. El agua es un elemento clave de La Alpujarra, tierra bañada por los mismos ríos, fuentes y manantiales que enamoraron a los musulmanes hace más de mil años.

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